El portal de Ishiar - Prólogo
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El portal de Ishiar - Prólogo
El bosque de Farannis, cobijo y hogar de los rebeldes exiliados de la grandiosa Irimel, había caído. Ahora tan solo quedaban rescoldos de lo que fue, dejando paso a un paisaje devastador consumido por las llamas. La brisa traía consigo olor a ceniza y muerte, la desolación que asolaba los corazones de aquellos que aún se mantenían en pie tras la dura batalla que había enfrentado a rebeldes y a soldados. Atacados a traición por las tropas del rey Meren, el pueblo de Irimel había luchado inútilmente por su ansiada libertad, mientras observaban desesperados como ardía el bosque, acorralándolos como animales.
Mucho se había perdido esa noche, a pesar de que los rebeldes lucharon con valentía, pero eran inferiores en número. Cuando su líder, un valeroso noble fiel a la real casa de Hiannen cayó, todo se creía perdido. Pero los soldados se retiraron creyéndolos derrotados.
La bruma matutina vino acompañada de una fina lluvia que extinguió las llamas. Una pequeña silueta se recortaba frente al humo que comenzaba a disiparse. Los ojos de la niña contemplaron melancólicos las consecuencias de su insubordinación. Una lágrima cayó por su mejilla, la tristeza se apoderaba de ella. Una mano amiga se apoyó sobre su hombro para consolarla.
La princesa se giró y abrazó Katsya, mientras lloraba amargamente.
-No es justo-Susurró con un hilo de voz-Todo esto es por mi culpa.
-No tienes la culpa de nada, Mirie-Contestó Katsya acariciando su cabello.
Mirie negó con la cabeza.
-Los rebeldes han elegido luchar, decidas ser reina o no-Dijo la joven-Volvamos con los demás-Pidió, la cogió en brazos y regresó.
El campamento había sido destruido en su mayoría, no obstante aún se mantenían en pie algunas de las casas árbol que se habían construido, pero la mayoría de las plataformas que conectaban unas con otras habían sido destruidas por el fuego.
La comunidad rebelde se veía frágil y débil en aquellos momentos, afectados por el ataque, pero decididos a apagar las ascuas que aún permanecían incandescentes y a sanar a los heridos. Permanecían unidos a pesar de todo frente a la adversidad...Pero luchaban en una guerra que no podían ganar.
-¡Prestad atención!-Exclamó una voz.
Todos se giraron curiosos, ante un grupo de individuos que hicieron su aparición. El Consejo. Los miembros más veteranos en aquella lucha, ya fueran nobles renegados o simples campesinos.
-Pueblo de Irimel-Comenzó a decir uno de ellos, de voz profunda-Los últimos sucesos acaecidos nos han debilitado profundamente. Se han abierto unas heridas de muy difícil cicatrización, y no me refiero físicas, sino en nuestro orgullo. Hemos servido fervientemente a la casa de Hiannen, pero ese traidor de Meren, que osa llamarse rey, nos persigue como si fuésemos ratas, nos obliga a arrodillarnos frente a él, esclaviza a nuestras mujeres y nuestros hijos, se aprovecha de jóvenes doncellas, y ahora pretende dañar a nuestra princesa. Hemos sido atacados, humillados y derrotados, pero sólo esta batalla, pues aún queda una guerra por librar. Así pues, debemos tomar todo aquello que consideremos necesario y partir en busca de un nuevo refugio.
-¡Vayamos a Teran! ¡Son aliados nuestros!
-Es un viaje demasiado largo y la mayoría de nosotros no se encuentra en condiciones de realizarlo-Contestó el hombre-No permitamos que sea en vano la pérdida de nuestros hombres y nuestro líder. ¡No permitamos que ejerza su tiranía, partamos pues, pueblo de Irimel y recuperemos lo que es nuestro!
[Si llevais a los rebeldes ahora van camino de un nuevo refugio, si vuestro pj esta en otro sitio ya sabeís]
Mucho se había perdido esa noche, a pesar de que los rebeldes lucharon con valentía, pero eran inferiores en número. Cuando su líder, un valeroso noble fiel a la real casa de Hiannen cayó, todo se creía perdido. Pero los soldados se retiraron creyéndolos derrotados.
La bruma matutina vino acompañada de una fina lluvia que extinguió las llamas. Una pequeña silueta se recortaba frente al humo que comenzaba a disiparse. Los ojos de la niña contemplaron melancólicos las consecuencias de su insubordinación. Una lágrima cayó por su mejilla, la tristeza se apoderaba de ella. Una mano amiga se apoyó sobre su hombro para consolarla.
La princesa se giró y abrazó Katsya, mientras lloraba amargamente.
-No es justo-Susurró con un hilo de voz-Todo esto es por mi culpa.
-No tienes la culpa de nada, Mirie-Contestó Katsya acariciando su cabello.
Mirie negó con la cabeza.
-Los rebeldes han elegido luchar, decidas ser reina o no-Dijo la joven-Volvamos con los demás-Pidió, la cogió en brazos y regresó.
El campamento había sido destruido en su mayoría, no obstante aún se mantenían en pie algunas de las casas árbol que se habían construido, pero la mayoría de las plataformas que conectaban unas con otras habían sido destruidas por el fuego.
La comunidad rebelde se veía frágil y débil en aquellos momentos, afectados por el ataque, pero decididos a apagar las ascuas que aún permanecían incandescentes y a sanar a los heridos. Permanecían unidos a pesar de todo frente a la adversidad...Pero luchaban en una guerra que no podían ganar.
-¡Prestad atención!-Exclamó una voz.
Todos se giraron curiosos, ante un grupo de individuos que hicieron su aparición. El Consejo. Los miembros más veteranos en aquella lucha, ya fueran nobles renegados o simples campesinos.
-Pueblo de Irimel-Comenzó a decir uno de ellos, de voz profunda-Los últimos sucesos acaecidos nos han debilitado profundamente. Se han abierto unas heridas de muy difícil cicatrización, y no me refiero físicas, sino en nuestro orgullo. Hemos servido fervientemente a la casa de Hiannen, pero ese traidor de Meren, que osa llamarse rey, nos persigue como si fuésemos ratas, nos obliga a arrodillarnos frente a él, esclaviza a nuestras mujeres y nuestros hijos, se aprovecha de jóvenes doncellas, y ahora pretende dañar a nuestra princesa. Hemos sido atacados, humillados y derrotados, pero sólo esta batalla, pues aún queda una guerra por librar. Así pues, debemos tomar todo aquello que consideremos necesario y partir en busca de un nuevo refugio.
-¡Vayamos a Teran! ¡Son aliados nuestros!
-Es un viaje demasiado largo y la mayoría de nosotros no se encuentra en condiciones de realizarlo-Contestó el hombre-No permitamos que sea en vano la pérdida de nuestros hombres y nuestro líder. ¡No permitamos que ejerza su tiranía, partamos pues, pueblo de Irimel y recuperemos lo que es nuestro!
[Si llevais a los rebeldes ahora van camino de un nuevo refugio, si vuestro pj esta en otro sitio ya sabeís]
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Shay - Campamento rebelde destrozado.
Shay, como todos escuchó atentamente lo que el consejo dijo.
Sus orejas gatunas bien erguidas y su brazo derecho tapando la herida profunda que surcaba su brazo izquierdo.
Ella también habia perdido hacia relativamente poco a su ser mas querido...y para acabar de estropear la situación, sus dos protegidos, unos mellizos rubios, y su bebé, no aparecian en ningún lado.
"Probablemente estén bajo todos esos restos carbonizados" -se dijo con amargura, mas no dejó que la invadiera la tristeza...no aun, ahora havia cosas primordiales, como encontrar un refugio para todos...luego tendria tiempo de derrumbarse en soledad.
-Escuchadme -dijo con una autoridad que ni ella sabia que poseia- Propongo que avanzemos directamente a Irimel.
Se escucharon murmullos ahogados y algun que otro insulto del tipo "esta está loca".
-Prestad atención -dijo subiendo sobre unos escobros aun humeantes- Los soldados del reino creen que estamos muertos...o en todo caso, ni se les ocurriria imaginarse que los supervivientes se dirijieran directamente hacia allí. Hay mucho camino y un montón de sitios en donde podriamos encontrar refugio...montañas, bosques, el pantano...estaremos tan cerca de ellos, que ni se lo imaginarán. Podremos establecernos al amparo de la espesura y pasar desapercibidos. Ellos probablemente buscarán por la frontera del reino, imaginando que ahora huiremos como ratas. Cuando sea el momento y estemos recuperados, caeremos sobre ellos tan de repente, que no tendrán tiempo a pensar una estrategia. Además, por el camino quizá se nos una mas gente...hay varios puebluchos aislados a los que los soldados solo acuden cuando buscan diversion con jovenes desconocidas...en fin, es mi opinión, la ultima palabra la teneis vosotros -dijo girandose directamente hacia el consejo.
Shay, como todos escuchó atentamente lo que el consejo dijo.
Sus orejas gatunas bien erguidas y su brazo derecho tapando la herida profunda que surcaba su brazo izquierdo.
Ella también habia perdido hacia relativamente poco a su ser mas querido...y para acabar de estropear la situación, sus dos protegidos, unos mellizos rubios, y su bebé, no aparecian en ningún lado.
"Probablemente estén bajo todos esos restos carbonizados" -se dijo con amargura, mas no dejó que la invadiera la tristeza...no aun, ahora havia cosas primordiales, como encontrar un refugio para todos...luego tendria tiempo de derrumbarse en soledad.
-Escuchadme -dijo con una autoridad que ni ella sabia que poseia- Propongo que avanzemos directamente a Irimel.
Se escucharon murmullos ahogados y algun que otro insulto del tipo "esta está loca".
-Prestad atención -dijo subiendo sobre unos escobros aun humeantes- Los soldados del reino creen que estamos muertos...o en todo caso, ni se les ocurriria imaginarse que los supervivientes se dirijieran directamente hacia allí. Hay mucho camino y un montón de sitios en donde podriamos encontrar refugio...montañas, bosques, el pantano...estaremos tan cerca de ellos, que ni se lo imaginarán. Podremos establecernos al amparo de la espesura y pasar desapercibidos. Ellos probablemente buscarán por la frontera del reino, imaginando que ahora huiremos como ratas. Cuando sea el momento y estemos recuperados, caeremos sobre ellos tan de repente, que no tendrán tiempo a pensar una estrategia. Además, por el camino quizá se nos una mas gente...hay varios puebluchos aislados a los que los soldados solo acuden cuando buscan diversion con jovenes desconocidas...en fin, es mi opinión, la ultima palabra la teneis vosotros -dijo girandose directamente hacia el consejo.

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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Kendra- Campamento destrozado de los rebeldes.
Kendra no tenia ni idea de como habia llegado allí.
Iba como esclaba con el grupo de soldados que cayeron sobre los rebeldes y de repente se encontraba en su campamento, con ellos.
Intentó esconderse y pasar desapercibida, cosa dificil, con su llameante cabello anaranjado.
Kendra no tenia ni idea de como habia llegado allí.
Iba como esclaba con el grupo de soldados que cayeron sobre los rebeldes y de repente se encontraba en su campamento, con ellos.
Intentó esconderse y pasar desapercibida, cosa dificil, con su llameante cabello anaranjado.

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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Los hermanos Derkis y "Momo"-Perdidos por el bosque.
Los dos mellizos corrian apresuradamente, cargando con el bebé.
Era casi de noche cuando el ataque comenzó y dió la casualidad de que ellos estaban regresando del bosque, al cual havian ido a jugar con Momo.
Al ver lo que ocurria, y ver morir a varios amigos suyos, los dos mellizos se escaparon corriendo y sin rumbo fijo.
Corrieron casi toda la noche y apenas pararon cuando comenzava a amanecer.
-No puedo mas -susurró la chica, apenas distingible de su hermano gracias a que llevaba el pelo algo mas largo que el.
-Quizá devamos parar y dormir un rato -dijo el hermano, que cargaba con el bebé.
El niño comenzó a llorar, sin duda, cansado del viaje y reclamando comida y a su mamá.
-Venga momo, que ahora seremos tus papás -le dijo la niña cojiendolo en brazos.
El bebé se llevó un dedito a la boca y se acurrucó entre los mellizos, intuyendo que no era buen momento para ponerse quisquilloso y que seguramente hasta mas tarde no comeria nada.
Y se quedaron acurrucados bajo las raizes de un arbol.
Los dos mellizos corrian apresuradamente, cargando con el bebé.
Era casi de noche cuando el ataque comenzó y dió la casualidad de que ellos estaban regresando del bosque, al cual havian ido a jugar con Momo.
Al ver lo que ocurria, y ver morir a varios amigos suyos, los dos mellizos se escaparon corriendo y sin rumbo fijo.
Corrieron casi toda la noche y apenas pararon cuando comenzava a amanecer.
-No puedo mas -susurró la chica, apenas distingible de su hermano gracias a que llevaba el pelo algo mas largo que el.
-Quizá devamos parar y dormir un rato -dijo el hermano, que cargaba con el bebé.
El niño comenzó a llorar, sin duda, cansado del viaje y reclamando comida y a su mamá.
-Venga momo, que ahora seremos tus papás -le dijo la niña cojiendolo en brazos.
El bebé se llevó un dedito a la boca y se acurrucó entre los mellizos, intuyendo que no era buen momento para ponerse quisquilloso y que seguramente hasta mas tarde no comeria nada.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Jared-Castillo de Irimel
Jared se despertó cuando apenas amanecia y tras asearse lo primero que hizo fue salir al balcón de sus aposentos (bastante grandes la verdad...algo bueno tenia que tener ser el discipulo preferido del Maestro) y dar los buenos dias al sol y al cielo.
Pero la brisa ese dia no le trajo buenas noticias. Olia a sangre, a humo, a muerte.
En algun lugar havia caido un grupo de rebeldes...aunque devia alegrarse, su corazon se apenó por esa gente que simplemente no encontraba su lugar en el mundo.
El antes era asi...hasta que el MAestro lo adoptó como aprendiz.
Se llevó una mano a la cabeza.
Si no se daba prisa, el Maestro le regañaria por haver tardado en llevarle el desayuno.
Además, tenia mucho que estudiar.
Fué hacia la cocina, donde desayunó el rapidamente, en silencio y lejos de los demás aprendizes, que lo miraban con celos.
Luego cogió la bandeja con el desayuno del Maestro y se dirigió hacia arriba de todo de una de las torres mas altas.
Llamó con los nudillos y esperó a que le dieran permiso para entrar.
Sabia que el Maestro estaba despierto, pues acababa de escuchar cantar a la amscota de su señor, una extraña criatura que vivia encerrada en una jaula.
Sentia lastima por ella, mas su Maestro nunca le havia dejado verla y solo la havia escuchado cantar en ocasiones contadas, como cuando le llebaba alguna comida al señor.
[K guay!! Tenia ganas de comenzar!! XD]
Jared se despertó cuando apenas amanecia y tras asearse lo primero que hizo fue salir al balcón de sus aposentos (bastante grandes la verdad...algo bueno tenia que tener ser el discipulo preferido del Maestro) y dar los buenos dias al sol y al cielo.
Pero la brisa ese dia no le trajo buenas noticias. Olia a sangre, a humo, a muerte.
En algun lugar havia caido un grupo de rebeldes...aunque devia alegrarse, su corazon se apenó por esa gente que simplemente no encontraba su lugar en el mundo.
El antes era asi...hasta que el MAestro lo adoptó como aprendiz.
Se llevó una mano a la cabeza.
Si no se daba prisa, el Maestro le regañaria por haver tardado en llevarle el desayuno.
Además, tenia mucho que estudiar.
Fué hacia la cocina, donde desayunó el rapidamente, en silencio y lejos de los demás aprendizes, que lo miraban con celos.
Luego cogió la bandeja con el desayuno del Maestro y se dirigió hacia arriba de todo de una de las torres mas altas.
Llamó con los nudillos y esperó a que le dieran permiso para entrar.
Sabia que el Maestro estaba despierto, pues acababa de escuchar cantar a la amscota de su señor, una extraña criatura que vivia encerrada en una jaula.
Sentia lastima por ella, mas su Maestro nunca le havia dejado verla y solo la havia escuchado cantar en ocasiones contadas, como cuando le llebaba alguna comida al señor.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis- Aldea destrozada de los rebeldes-
Katsya y Mirie
La sensación de vacío se apoderó por primera vez de Katsya, haciendo presa en ella. Había perdido el único lugar al que había podido llamar su hogar. Nunca había tenido nada por lo que luchar, nadie a quien proteger, había sido un mero instrumento. Pero ahora esa perspectiva la aterraba. Ignoraba el porqué, pero se sentía vinculada a Mirie, como si fuese una parte de sí misma que quisiese defender a toda costa. Esa era la razón por la cual se había unido a los rebeldes. Estaba en deuda con ellos, y no iba a dejarlos.
La voz de uno de los miembros del consejo la distrajo.
-Comprendo tu perspectiva, Shay, pero ten en cuenta que hay mujeres y niños, que a diferencia de ti no saben pelear. Sería arriesgado exponerlos a que sufran daños.
Se sucedieron varios murmullos, algunos estaban con Shay pero otros discrepaban, no obstante todos coincidían en que había que poner a los más débiles. Las miradas se concentraron en la princesa, que permanecía en brazos de Katsya. Ninguno de ellos deseaba que cayese en manos de Meren.
-Sin embargo, si propones algo mejor estamos dispuestos a escucharte-Concedió el hombre.
Katsya se alejó de todo aquel barullo. Realmente no le importaba a donde fueran, los seguiría igualmente, como protegería a Mirie de su tío y de cualquiera que pretendiera dañarla.
-¿Dónde está mi hermano?-Quiso saber la niña.
Kyle. Katsya también se preguntaba dónde estaría. Él había usado su magia en contra de los soldados que también lo buscaban. Sintió un pinchazo ante la idea de que lo hubiesen hecho prisionero.
Pero algo la distrajo, una cabellera pelirroja.
-¿Quién eres?-Preguntó agarrando del brazo a la desconocida(Kendra).
Katsya y Mirie
La sensación de vacío se apoderó por primera vez de Katsya, haciendo presa en ella. Había perdido el único lugar al que había podido llamar su hogar. Nunca había tenido nada por lo que luchar, nadie a quien proteger, había sido un mero instrumento. Pero ahora esa perspectiva la aterraba. Ignoraba el porqué, pero se sentía vinculada a Mirie, como si fuese una parte de sí misma que quisiese defender a toda costa. Esa era la razón por la cual se había unido a los rebeldes. Estaba en deuda con ellos, y no iba a dejarlos.
La voz de uno de los miembros del consejo la distrajo.
-Comprendo tu perspectiva, Shay, pero ten en cuenta que hay mujeres y niños, que a diferencia de ti no saben pelear. Sería arriesgado exponerlos a que sufran daños.
Se sucedieron varios murmullos, algunos estaban con Shay pero otros discrepaban, no obstante todos coincidían en que había que poner a los más débiles. Las miradas se concentraron en la princesa, que permanecía en brazos de Katsya. Ninguno de ellos deseaba que cayese en manos de Meren.
-Sin embargo, si propones algo mejor estamos dispuestos a escucharte-Concedió el hombre.
Katsya se alejó de todo aquel barullo. Realmente no le importaba a donde fueran, los seguiría igualmente, como protegería a Mirie de su tío y de cualquiera que pretendiera dañarla.
-¿Dónde está mi hermano?-Quiso saber la niña.
Kyle. Katsya también se preguntaba dónde estaría. Él había usado su magia en contra de los soldados que también lo buscaban. Sintió un pinchazo ante la idea de que lo hubiesen hecho prisionero.
Pero algo la distrajo, una cabellera pelirroja.
-¿Quién eres?-Preguntó agarrando del brazo a la desconocida(Kendra).
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis- Aldea destrozada de los rebeldes-
Alan y Alana
Los dos estaban juntos pero solo Alana contemplaba con tristeza los restos de lo que había sido la aldea.
Alan pensaba sobre todo lo que había pasado, sin poder creérselo.
La elfa quería llorar pero sabía que no iba a servir de nada.
Fue a ver si podía ayudar a los heridos y con la mirada perdida empezó su trabajo, dejando a su hermano solo, estaba tan metido en sus pensamientos que no lo notó hasta que el consejo habló.
Mientras escuchaba buscaba a su hermana con la mirada, al ver su expresión dudó mucho de que estuviera prestando atención a algo y la comprendía, le tendría que recordar mucho al día en que perdieron a sus padres.
También escuchó a Shay, en cierta parte estaba deacuerdo con ella pero con los heridos y los que no supieran luchar contaban muchos menos que antes. No sería bueno dividirse por si pillaban a uno de los dos grupos pero tampoco podían combatir de nuevo tan pronto.
Se acercó a su hermana y le susurró al oido:
-¿Qué opinas tú?
-Por mí iría y mataría a Meren ahora mismo pero sé que es imposible, ni yo soy tan fuerte ni ellos tan débiles. Por el momento deberíamos buscar aliados- contestó, en un susurro cargado de odio y tristeza.
Alan y Alana
Los dos estaban juntos pero solo Alana contemplaba con tristeza los restos de lo que había sido la aldea.
Alan pensaba sobre todo lo que había pasado, sin poder creérselo.
La elfa quería llorar pero sabía que no iba a servir de nada.
Fue a ver si podía ayudar a los heridos y con la mirada perdida empezó su trabajo, dejando a su hermano solo, estaba tan metido en sus pensamientos que no lo notó hasta que el consejo habló.
Mientras escuchaba buscaba a su hermana con la mirada, al ver su expresión dudó mucho de que estuviera prestando atención a algo y la comprendía, le tendría que recordar mucho al día en que perdieron a sus padres.
También escuchó a Shay, en cierta parte estaba deacuerdo con ella pero con los heridos y los que no supieran luchar contaban muchos menos que antes. No sería bueno dividirse por si pillaban a uno de los dos grupos pero tampoco podían combatir de nuevo tan pronto.
Se acercó a su hermana y le susurró al oido:
-¿Qué opinas tú?
-Por mí iría y mataría a Meren ahora mismo pero sé que es imposible, ni yo soy tan fuerte ni ellos tan débiles. Por el momento deberíamos buscar aliados- contestó, en un susurro cargado de odio y tristeza.
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El dolor es algo inherente a la madurez. Así aprendemos.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Colinas lindantes de Farannis
Kaarcil
Los soldados estaban inquietos, pero Kaarcil los ignoró, disfrutaba demasiado contemplado el bosque desde lo alto de una colina… O lo que quedaba de él. Aún podía oír los gritos de sus víctimas, música para sus oídos. Ciertamente, aquel tipo de cosas no le reportaba mucho, el dinero o la riqueza no era algo que llamase su atención pues tenía todo el que pudiese desear, pero la diversión no tenía precio. Uno de los soldados lo llamó, criatura imbécil. Se giró y lo miró, sus ojos ambarinos reflejaban peligro, pero el hombre parecía tener agallas cuando habló.
-Deberíamos volver y acabar con los que hayan sobrevivido-Explicó. Kaarcil enarcó una ceja, aquel estúpido humano se atrevía a darle órdenes.
-Me parece que no-Contestó.
-¿Qué?-El soldado parecía disconforme porque lo contradijeran-¿Contradices las órdenes de nuestro rey Meren?¿De qué lado estás, con nosotros o contra nosotros?-Desenvainó su espada de forma amenazante frente a Kaarcil.
-Sinceramente… Ni lo uno ni lo otro. Los deseos del patán de vuestro rey me son indiferentes.
La expresión del soldado se contrajo en una mueca de odio al escuchar el insulto hacia su monarca.
-¿Cómo osas?-Gritó mientras se abalanzaba sobre él, espada en mano.
Con un rápido movimiento, Kaarcil liberó de su vaina su espada y abrió en canal a su atacante. El soldado cayó al suelo moribundo, y sus compañeros miraron aterrados al inmortal mientras lamía la sangre que teñía la hoja de su arma.
-¿Decidme, alguno de vosotros quiere acompañarle?-Todos negaron con la cabeza-Lo suponía. Me aburrís.
Kaarcil, aliado de Aerandar, había sido el encargado de guiar a aquel atajo de inútiles hacia el escondite de los rebeldes. Suya había sido la idea de prender el bosque, “para hacer que los conejos saliesen de su madriguera”, contradiciendo a los soldados del rey que insistían en capturar a una princesa, bobadas. Kaarcil no estaba dispuesto a cumplir órdenes de nadie, y mucho menos de un humano. Actuaba como quería y cuando quería, ni siquiera se sentía sujeto a las exigencias de Aerandar.
Miró a los soldados con una nota de malicia en sus ojos.
-Regresemos al castillo, antes de que me arrepienta de dejaros con vida-Sonrió satisfecho para sí cuando el grupo de hombres lo siguió sin poner ninguna objeción.
Bosque de Farannis
Celebdil
El ambiente era denso y caliente, pero Celebdil sentía frío.Frío al contemplar que no quedaba nada de la frondosidad del bosque. Caminó, intentando buscar algún indicio de vida, pero no halló más de lo poco que quedaba en pie.
El semi-elfo decidió regresar, allí no había nada que salvar, pero tan pronto se dio la vuelta tropezó con las raíces de un árbol. Escuchó un quejido y se apresuró a iluminar el extremo de su vara. Encontró a un par de niños de pelo rubio y tez bronceada, que acurrucaban a un bebé. Celebdil se quitó su capa y los tapó con ella.
-¿Estáis bien?-Preguntó el semi-elfo. ¿Había más personas allí aparte de esos niños?
Corte de Irimel-Sala de trono-
Rey Meren [pj llevable]
El rey caminaba nervioso por la sala del trono. No había pegado ojo en toda la noche, preocupado por la batalla, preguntándose continuamente si su sobrina había sido capturada. No sólo eso, había perdido a su mejor esclava. Estaba irritado y furioso, pero también temeroso de enfadar a su hechicero.
No tenía más remedio. Aunque el rey no permitía otras razas en su corte, dada su actitud xenófoba, desde la llegada de Aerandar se había visto obligado a admitir la presencia de algunas de estas criaturas.
Llamaron a la puerta.
-Adelante.
Kaarcil
Los soldados estaban inquietos, pero Kaarcil los ignoró, disfrutaba demasiado contemplado el bosque desde lo alto de una colina… O lo que quedaba de él. Aún podía oír los gritos de sus víctimas, música para sus oídos. Ciertamente, aquel tipo de cosas no le reportaba mucho, el dinero o la riqueza no era algo que llamase su atención pues tenía todo el que pudiese desear, pero la diversión no tenía precio. Uno de los soldados lo llamó, criatura imbécil. Se giró y lo miró, sus ojos ambarinos reflejaban peligro, pero el hombre parecía tener agallas cuando habló.
-Deberíamos volver y acabar con los que hayan sobrevivido-Explicó. Kaarcil enarcó una ceja, aquel estúpido humano se atrevía a darle órdenes.
-Me parece que no-Contestó.
-¿Qué?-El soldado parecía disconforme porque lo contradijeran-¿Contradices las órdenes de nuestro rey Meren?¿De qué lado estás, con nosotros o contra nosotros?-Desenvainó su espada de forma amenazante frente a Kaarcil.
-Sinceramente… Ni lo uno ni lo otro. Los deseos del patán de vuestro rey me son indiferentes.
La expresión del soldado se contrajo en una mueca de odio al escuchar el insulto hacia su monarca.
-¿Cómo osas?-Gritó mientras se abalanzaba sobre él, espada en mano.
Con un rápido movimiento, Kaarcil liberó de su vaina su espada y abrió en canal a su atacante. El soldado cayó al suelo moribundo, y sus compañeros miraron aterrados al inmortal mientras lamía la sangre que teñía la hoja de su arma.
-¿Decidme, alguno de vosotros quiere acompañarle?-Todos negaron con la cabeza-Lo suponía. Me aburrís.
Kaarcil, aliado de Aerandar, había sido el encargado de guiar a aquel atajo de inútiles hacia el escondite de los rebeldes. Suya había sido la idea de prender el bosque, “para hacer que los conejos saliesen de su madriguera”, contradiciendo a los soldados del rey que insistían en capturar a una princesa, bobadas. Kaarcil no estaba dispuesto a cumplir órdenes de nadie, y mucho menos de un humano. Actuaba como quería y cuando quería, ni siquiera se sentía sujeto a las exigencias de Aerandar.
Miró a los soldados con una nota de malicia en sus ojos.
-Regresemos al castillo, antes de que me arrepienta de dejaros con vida-Sonrió satisfecho para sí cuando el grupo de hombres lo siguió sin poner ninguna objeción.
Bosque de Farannis
Celebdil
El ambiente era denso y caliente, pero Celebdil sentía frío.Frío al contemplar que no quedaba nada de la frondosidad del bosque. Caminó, intentando buscar algún indicio de vida, pero no halló más de lo poco que quedaba en pie.
El semi-elfo decidió regresar, allí no había nada que salvar, pero tan pronto se dio la vuelta tropezó con las raíces de un árbol. Escuchó un quejido y se apresuró a iluminar el extremo de su vara. Encontró a un par de niños de pelo rubio y tez bronceada, que acurrucaban a un bebé. Celebdil se quitó su capa y los tapó con ella.
-¿Estáis bien?-Preguntó el semi-elfo. ¿Había más personas allí aparte de esos niños?
Corte de Irimel-Sala de trono-
Rey Meren [pj llevable]
El rey caminaba nervioso por la sala del trono. No había pegado ojo en toda la noche, preocupado por la batalla, preguntándose continuamente si su sobrina había sido capturada. No sólo eso, había perdido a su mejor esclava. Estaba irritado y furioso, pero también temeroso de enfadar a su hechicero.
No tenía más remedio. Aunque el rey no permitía otras razas en su corte, dada su actitud xenófoba, desde la llegada de Aerandar se había visto obligado a admitir la presencia de algunas de estas criaturas.
Llamaron a la puerta.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis- Aldea destrozada de los rebeldes-
Fenrrir
El ambiente olía a sudor, sangre, fuego y madera quemada, pero el mas perceptible de los olores era etéreo y tardaría en irse mas de lo deseable, era el olor a derrota y desesperanza, aquella que se encadena en tu corazón con cadenas de hierro, que no te deja mirar hacia delante.
El gran lobo se paseaba entre nubes de humo, pequeños focos de fuego aun crepitaban en distintos puntos del bosque, con el tiempo había cambiado la tundra helada por el bosque frondoso, considerando este su casa y a sus habitantes familiares cercanos, sentado cerca de los hogares había escuchado sus historias, sus problemas y había resuelto convertirlos en los suyos, por eso ahora no podía marcharse y darle la espalda a tanta gente, no ahora que eran tan importantes para el.
Fenrrir no sabia cuando había perdido su espada, viéndose obligado a cambiar de forma, ahora no podría regresar al estado humano hasta encontrar algo de ropa, en las batallas todo sucedía como si fueras una parte ajena de la lucha, por un momento dejas de ser tu, dejas de pensar que estas matando a hombres, para centrarte en proteger lo que mas quieres, si esto no fuera así hace tiempo que se hubiera buleto loco; lo peor sucedía ahora que veías el desastre causado por tu mano o por la de otro compañero cualquiera. Esquivando cuerpos mutilados, grandes charcos de sangre y trozos in identificables de personas, se fue acercando a donde parecía haber mas personas, le dolían las patas y la mandíbula pero por lo demás estaba en perfecto estado, llego justo para oír la palabrería del consejo; sus palabras de animo no animaban a nadie pero si querían sentirse partes de una buena obra Fen esperaba que lo hubieran conseguido.
Después Shay, una chica con orejas de gato, que Fenrrir había visto mas de una vez por el campamento con un bebe en brazos, les respondió, su respuesta sonó segura, la joven hablaba de atacar al enemigo por sorpresa, era buena idea, pero el licántropo sabia que tarde o temprano acabarían topándose con los grandes muros del castillo de Irimel; el orgullo podía ser un gran aliado en determinados momentos, pero no podía aportar escalas mágicas y si cortaba cuellos.
Al poco rato encontró la funda de su espada, y un poco mas aya Gleipnir esperaba semi enterrada en el cuerpo de uno de los soldados del rey, el gran lobo dejo la funda en el suelo, al lado del arma y miro en torno así; con aquella pinta no podía enfundar la espada y mucho menos blandirla; sus deprimentes pensamientos fueron interrumpidos por una joven de raza elfa que, sentada en el suelo, intentaba curar a uno de los rebeldes que había entrado en batalla. Fenrrir admiraba a las personas que poseían poderes curativos, pues el solo precisaba magia diseñada para matar, se acerco a la elfa y se tumbo por allí, mientras no encontrara ropa no tenia nada que hacer.
Fenrrir
El ambiente olía a sudor, sangre, fuego y madera quemada, pero el mas perceptible de los olores era etéreo y tardaría en irse mas de lo deseable, era el olor a derrota y desesperanza, aquella que se encadena en tu corazón con cadenas de hierro, que no te deja mirar hacia delante.
El gran lobo se paseaba entre nubes de humo, pequeños focos de fuego aun crepitaban en distintos puntos del bosque, con el tiempo había cambiado la tundra helada por el bosque frondoso, considerando este su casa y a sus habitantes familiares cercanos, sentado cerca de los hogares había escuchado sus historias, sus problemas y había resuelto convertirlos en los suyos, por eso ahora no podía marcharse y darle la espalda a tanta gente, no ahora que eran tan importantes para el.
Fenrrir no sabia cuando había perdido su espada, viéndose obligado a cambiar de forma, ahora no podría regresar al estado humano hasta encontrar algo de ropa, en las batallas todo sucedía como si fueras una parte ajena de la lucha, por un momento dejas de ser tu, dejas de pensar que estas matando a hombres, para centrarte en proteger lo que mas quieres, si esto no fuera así hace tiempo que se hubiera buleto loco; lo peor sucedía ahora que veías el desastre causado por tu mano o por la de otro compañero cualquiera. Esquivando cuerpos mutilados, grandes charcos de sangre y trozos in identificables de personas, se fue acercando a donde parecía haber mas personas, le dolían las patas y la mandíbula pero por lo demás estaba en perfecto estado, llego justo para oír la palabrería del consejo; sus palabras de animo no animaban a nadie pero si querían sentirse partes de una buena obra Fen esperaba que lo hubieran conseguido.
Después Shay, una chica con orejas de gato, que Fenrrir había visto mas de una vez por el campamento con un bebe en brazos, les respondió, su respuesta sonó segura, la joven hablaba de atacar al enemigo por sorpresa, era buena idea, pero el licántropo sabia que tarde o temprano acabarían topándose con los grandes muros del castillo de Irimel; el orgullo podía ser un gran aliado en determinados momentos, pero no podía aportar escalas mágicas y si cortaba cuellos.
Al poco rato encontró la funda de su espada, y un poco mas aya Gleipnir esperaba semi enterrada en el cuerpo de uno de los soldados del rey, el gran lobo dejo la funda en el suelo, al lado del arma y miro en torno así; con aquella pinta no podía enfundar la espada y mucho menos blandirla; sus deprimentes pensamientos fueron interrumpidos por una joven de raza elfa que, sentada en el suelo, intentaba curar a uno de los rebeldes que había entrado en batalla. Fenrrir admiraba a las personas que poseían poderes curativos, pues el solo precisaba magia diseñada para matar, se acerco a la elfa y se tumbo por allí, mientras no encontrara ropa no tenia nada que hacer.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
-Castillo de Irimel- Dependencias de los soldados.
Irial, Nereida y Vilt
El elfo se levanto sobresaltado, el suelo se movía peligrosamente, no, el suelo no, la cama, y había alguien que chillaba a pleno pulmón, Irial se restregó los ojos y se aparto el pelo de la cara, una niña de cabellos pelirrojos saltaba de un lado a otro del colchón mientras que reía divertida.
-Buenos días Rus melda* -Dijo la niña sin parar de saltar.
-¡Nereeeee para yaaaaaaa!- grito una voz desde, lo que Irial supuso que era, la parte de abajo de la cama.
El joven respiro hondo, por un momento se había asustado de verdad, Vilt seguía gritando y Nereida repetía una y otra vez los mismos saltos en el colchón.
-Russs dile que pare- exigió Vilt con voz lastimera.
El elfo agarro a la niña del bazo sin ni siquiera mirarla.
-Nereida para- dijo con voz neutra, la pelirroja bajo las orejas de zorro y salto al suelo, Irial se destapo y metió una mano debajo de la cama- Ya esto despierto- espeto mientras sacaba al joven tirando de su mano.
El niño se escondió detrás de el, nada mas salir.
-Me ha metido una rata en la cama.
-¡No es cierto!, estaba herida, pero la he curado, mira Irial- dijo poniéndole el animal al elfo en frente de su cara para que lo viera bien- tenia frió y se me ocurrió que con Vilt estaría calentita.
-Me alegro por ella- respondió el mayor sin prestar demasiada atención- Nereida, Vilt iros a vestir.
Los niños desaparecieron entre risas y gritos por la puerta del cuarto, el elfo descorrió las cortinas de la ventana, la mañana resplandecía con un sol brillante, solo unas nubes rojas se perdían por la lejanía en un fugaz amanecer, unas nubes que no presagiaban nada bueno, Iria dejo divagar sus pensamientos por los temas de guerra resolviendo finalmente que no le importaban nada, el había escogido el bando ganador, era la mejor decisión.
Se aseo un poco peinándose y recogiéndose el pelo en una coleta, se vistió y se puso la capa, las botas que le caracterizaban y se abrocho las dagas a los lados de la cintura, no se vivía mal allí, al menos el palacio era grande y ofrecía mucha protección, el rey no aguantaba a los seres de otras especies que no fueran la humana, Irial lo sabia muy bien, pero al mostrarle su maestría a la hora de recopilar información y lo silencioso que podía llegar a ser, se lo pensó mejor y dejo que le sirviera, la habitación quedaba al lado de las dependencias de los soldados y como ellos Irial era llamado a presencia del rey en algunas ocasiones, como aquella mañana.
El elfo recogió la carta que uno de los sirvientes le entrego la otra noche, y se la guardo; cuando salio del cuarto comprobó que Nereida y Vilt ya se habían vestido y preparaban el desayuno, Irial se acerco a la puerta.
-Portaos bien, voy a salir.
-¿Te ha llamado el rey?- Pregunto Vilt desde la mesa.
-¿Vas investigar algo?, yo te acompaño- grito Nereida.
-Si, y no, no vas a acompañarme, portaos bien- tras esto cerro la puerta y se perdió por el pasillo en dirección a la sala del trono.
----------
-Castillo de Irimel- Dependencias de los soldados.
Nereida y Vilt
-Pues que aburrido- rugió la niña cruzándose de brazos.
----------
-Castillo de Irimel- Sala del trono
Irial
El castillo era enorme pero Irial se lo sabia de memoria, paso algunos controles antes de llegar a la sala deseada pero por fin llego, las grandes puertas de madera labrada se cerraban ante el, llamo cuidadosamente, la voz del rey no tardo en oírse desde el otro lado, permitiendole el paso.
El joven paso empujado suavemente una de las puertas y cruzando la sala con las pisadas livianas de siempre, no necesitaba estar cerca del rey para darse cuenta de que estaba nervioso, se retorcía las manos y no paraba de moverse de un lado para otro, el elfo dedujo que podría deberse a la ultima rencilla con los rebeldes, el ultimo bastión que desafiaba su reinado en aquellas tierras, quizás por ello le había llamado a una audiencia aquella mañana.
Cuando llego al trono hinco una rodilla en tierra y bajo la cabeza en señal de respeto.
-¿Mi señor me ha hecho llamar?- pregunto.
Meren se quedo un momento parado mirándolo como un bobo y después continuo con su vaivén por la sala.
Por muy rey que fuera era un maleducado, o eso pensaba Irial.
-¿Hay algo que os preocupe?.
-Pareces imbécil, soy el rey, es necesario que a todo muestre mi interés y mi preocupación- respondió exaltado Meren.
-Por supuesto, siento el atrevimiento mi señor, pero, ¿por que me habéis hecho llamar?.
-Esperaremos a que llegue Hyell, maldita Viera, ¿como osa hacerme esperar?.
Irial dio gracias a que no había desayunado nada esa mañana, por que lo hubiera echado al oír el nombre de la Viera en cuestión tan de golpe, ¿por que demonios tenia que llamar a Hyell?
¿Es que su rey lo quería castigar acaso?.
(Off Rol: *Melda: Querido en élfico)
Irial, Nereida y Vilt
El elfo se levanto sobresaltado, el suelo se movía peligrosamente, no, el suelo no, la cama, y había alguien que chillaba a pleno pulmón, Irial se restregó los ojos y se aparto el pelo de la cara, una niña de cabellos pelirrojos saltaba de un lado a otro del colchón mientras que reía divertida.
-Buenos días Rus melda* -Dijo la niña sin parar de saltar.
-¡Nereeeee para yaaaaaaa!- grito una voz desde, lo que Irial supuso que era, la parte de abajo de la cama.
El joven respiro hondo, por un momento se había asustado de verdad, Vilt seguía gritando y Nereida repetía una y otra vez los mismos saltos en el colchón.
-Russs dile que pare- exigió Vilt con voz lastimera.
El elfo agarro a la niña del bazo sin ni siquiera mirarla.
-Nereida para- dijo con voz neutra, la pelirroja bajo las orejas de zorro y salto al suelo, Irial se destapo y metió una mano debajo de la cama- Ya esto despierto- espeto mientras sacaba al joven tirando de su mano.
El niño se escondió detrás de el, nada mas salir.
-Me ha metido una rata en la cama.
-¡No es cierto!, estaba herida, pero la he curado, mira Irial- dijo poniéndole el animal al elfo en frente de su cara para que lo viera bien- tenia frió y se me ocurrió que con Vilt estaría calentita.
-Me alegro por ella- respondió el mayor sin prestar demasiada atención- Nereida, Vilt iros a vestir.
Los niños desaparecieron entre risas y gritos por la puerta del cuarto, el elfo descorrió las cortinas de la ventana, la mañana resplandecía con un sol brillante, solo unas nubes rojas se perdían por la lejanía en un fugaz amanecer, unas nubes que no presagiaban nada bueno, Iria dejo divagar sus pensamientos por los temas de guerra resolviendo finalmente que no le importaban nada, el había escogido el bando ganador, era la mejor decisión.
Se aseo un poco peinándose y recogiéndose el pelo en una coleta, se vistió y se puso la capa, las botas que le caracterizaban y se abrocho las dagas a los lados de la cintura, no se vivía mal allí, al menos el palacio era grande y ofrecía mucha protección, el rey no aguantaba a los seres de otras especies que no fueran la humana, Irial lo sabia muy bien, pero al mostrarle su maestría a la hora de recopilar información y lo silencioso que podía llegar a ser, se lo pensó mejor y dejo que le sirviera, la habitación quedaba al lado de las dependencias de los soldados y como ellos Irial era llamado a presencia del rey en algunas ocasiones, como aquella mañana.
El elfo recogió la carta que uno de los sirvientes le entrego la otra noche, y se la guardo; cuando salio del cuarto comprobó que Nereida y Vilt ya se habían vestido y preparaban el desayuno, Irial se acerco a la puerta.
-Portaos bien, voy a salir.
-¿Te ha llamado el rey?- Pregunto Vilt desde la mesa.
-¿Vas investigar algo?, yo te acompaño- grito Nereida.
-Si, y no, no vas a acompañarme, portaos bien- tras esto cerro la puerta y se perdió por el pasillo en dirección a la sala del trono.
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-Castillo de Irimel- Dependencias de los soldados.
Nereida y Vilt
-Pues que aburrido- rugió la niña cruzándose de brazos.
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-Castillo de Irimel- Sala del trono
Irial
El castillo era enorme pero Irial se lo sabia de memoria, paso algunos controles antes de llegar a la sala deseada pero por fin llego, las grandes puertas de madera labrada se cerraban ante el, llamo cuidadosamente, la voz del rey no tardo en oírse desde el otro lado, permitiendole el paso.
El joven paso empujado suavemente una de las puertas y cruzando la sala con las pisadas livianas de siempre, no necesitaba estar cerca del rey para darse cuenta de que estaba nervioso, se retorcía las manos y no paraba de moverse de un lado para otro, el elfo dedujo que podría deberse a la ultima rencilla con los rebeldes, el ultimo bastión que desafiaba su reinado en aquellas tierras, quizás por ello le había llamado a una audiencia aquella mañana.
Cuando llego al trono hinco una rodilla en tierra y bajo la cabeza en señal de respeto.
-¿Mi señor me ha hecho llamar?- pregunto.
Meren se quedo un momento parado mirándolo como un bobo y después continuo con su vaivén por la sala.
Por muy rey que fuera era un maleducado, o eso pensaba Irial.
-¿Hay algo que os preocupe?.
-Pareces imbécil, soy el rey, es necesario que a todo muestre mi interés y mi preocupación- respondió exaltado Meren.
-Por supuesto, siento el atrevimiento mi señor, pero, ¿por que me habéis hecho llamar?.
-Esperaremos a que llegue Hyell, maldita Viera, ¿como osa hacerme esperar?.
Irial dio gracias a que no había desayunado nada esa mañana, por que lo hubiera echado al oír el nombre de la Viera en cuestión tan de golpe, ¿por que demonios tenia que llamar a Hyell?
¿Es que su rey lo quería castigar acaso?.
(Off Rol: *Melda: Querido en élfico)
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis-cerca del campamento
Piruka Pipper
La chica caminaba a paso tranquilo por el bosque, pegando pequeños saltitos sobre las raices, hacia un rato que el paisaje se habia trasformado del musgo, la hierba frondosa y la humedad de los arboles al olor a quemado, el suelo ennegrecido y los arboles asperos que muestras sus raices retorcidas.
-Por aquí ha pasado algo gordo-aprecio Piruka arrugando la nariz ante semejante peste a chamuscado.
-Muy lista-comento como siempre CASI con su habitual tono irritado.-Por las caracteristicas del suceso el fuego se inicio no hace demasiado en un foco cercano, y no es natural…
-¿Te refieres a que alguien lo ha hecho?-pregunto la niña sorprendida.
-Obvio.-contesto cortante el aparato.
-Pero, ¿y para que? ¡Oh! ¿No me digas que para atacar el campamento rebelde?
-Tsk… obvio de nuevo, si es que no eres capaz de dar ni una tu sola. Lo mas probable es que forme parte de una tactica de guerra, muy arcaica por cierto, por parte de los servidores del rey.
-Bueno bueno, perdon “señor obviedades”-le remeo Piruka.
La maquina emitio lo mas parecido a un rugido que supo crear en su registro informatico pero la joven habia aprendido a no darle demasiado la coba. Continuo andando ajena a los comentarios de su cybor apoyandose donde podia, y recibiendo alguna que otra reprimenda al tropezarse con raices, patinar con ramas o mancharse con el hollín de la madera. Aun habia ciertos focos minimos dispersados por el antaño frondoso bosque, aun en activo, Piruka se habia esforzado por apagar alguno que otro con ayuda de su CPE y el suministro de energia makian* que habia recopilado.
Llegaron a un punto donde ya empezaron a oir ciertas voces y quejidos y según avanzaban se daban de bruces con algun cadáver que otro, algunos soldados, otros, se dedico a informar CASI, personas normales y corrientes que presumiblemente pertenecían a los rebeldes.
La aprendiz trato de contener el aliento y mantener la compostura, se quedo parada un momento mirando al suelo, pero no miraba un cadáver, sino mas bien algo que tal vez pertenecia a un cadáver; ropa. Blanca, de aspecto abrigado, estaba algo desperdigada por el suelo, fruncio el ceño, era como si alguien se hubiera desnudado a la carrera, no emitio ninguna pregunta, ya que parecia que CASI se habia cansado de tanto contar muertos, asi que lo dejo “dormitar”. Para estar tirada estaba en bastante buen estado y lo mas importante, no tenia heridas, tal vez perteneciera a alguien, asi que la recogio y siguió su camino, de reojo vio a dos niños rubios bastante parecidos, con un bebe en brazos (los hermanos derkis y Momo). La cosa es que no estaban solos, un chico de pelo tambien rubio estaba a su lado, solo que no parecian familiares. Les miro curiosa y se acerco, aunque le daba algo de cosa hablar. Pero CASI actuo por ella:
-¿Qué se supone que haceis aquí?
El primer acto reflejo de Piruka fue taparle la boca al androide, pero al siguiente instante cayo en que aquello solo era una muesca en el metal que ella habia hecho, no impediria que hablase.
----------------------------------------------------------------------------------------
-Energia makian: energia elemental del agua
Piruka Pipper
La chica caminaba a paso tranquilo por el bosque, pegando pequeños saltitos sobre las raices, hacia un rato que el paisaje se habia trasformado del musgo, la hierba frondosa y la humedad de los arboles al olor a quemado, el suelo ennegrecido y los arboles asperos que muestras sus raices retorcidas.
-Por aquí ha pasado algo gordo-aprecio Piruka arrugando la nariz ante semejante peste a chamuscado.
-Muy lista-comento como siempre CASI con su habitual tono irritado.-Por las caracteristicas del suceso el fuego se inicio no hace demasiado en un foco cercano, y no es natural…
-¿Te refieres a que alguien lo ha hecho?-pregunto la niña sorprendida.
-Obvio.-contesto cortante el aparato.
-Pero, ¿y para que? ¡Oh! ¿No me digas que para atacar el campamento rebelde?
-Tsk… obvio de nuevo, si es que no eres capaz de dar ni una tu sola. Lo mas probable es que forme parte de una tactica de guerra, muy arcaica por cierto, por parte de los servidores del rey.
-Bueno bueno, perdon “señor obviedades”-le remeo Piruka.
La maquina emitio lo mas parecido a un rugido que supo crear en su registro informatico pero la joven habia aprendido a no darle demasiado la coba. Continuo andando ajena a los comentarios de su cybor apoyandose donde podia, y recibiendo alguna que otra reprimenda al tropezarse con raices, patinar con ramas o mancharse con el hollín de la madera. Aun habia ciertos focos minimos dispersados por el antaño frondoso bosque, aun en activo, Piruka se habia esforzado por apagar alguno que otro con ayuda de su CPE y el suministro de energia makian* que habia recopilado.
Llegaron a un punto donde ya empezaron a oir ciertas voces y quejidos y según avanzaban se daban de bruces con algun cadáver que otro, algunos soldados, otros, se dedico a informar CASI, personas normales y corrientes que presumiblemente pertenecían a los rebeldes.
La aprendiz trato de contener el aliento y mantener la compostura, se quedo parada un momento mirando al suelo, pero no miraba un cadáver, sino mas bien algo que tal vez pertenecia a un cadáver; ropa. Blanca, de aspecto abrigado, estaba algo desperdigada por el suelo, fruncio el ceño, era como si alguien se hubiera desnudado a la carrera, no emitio ninguna pregunta, ya que parecia que CASI se habia cansado de tanto contar muertos, asi que lo dejo “dormitar”. Para estar tirada estaba en bastante buen estado y lo mas importante, no tenia heridas, tal vez perteneciera a alguien, asi que la recogio y siguió su camino, de reojo vio a dos niños rubios bastante parecidos, con un bebe en brazos (los hermanos derkis y Momo). La cosa es que no estaban solos, un chico de pelo tambien rubio estaba a su lado, solo que no parecian familiares. Les miro curiosa y se acerco, aunque le daba algo de cosa hablar. Pero CASI actuo por ella:
-¿Qué se supone que haceis aquí?
El primer acto reflejo de Piruka fue taparle la boca al androide, pero al siguiente instante cayo en que aquello solo era una muesca en el metal que ella habia hecho, no impediria que hablase.
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Última edición por Tifa el Sáb Oct 03, 2009 2:41 am, editado 4 veces

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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Castillo de Irimel-aposentos de Aerandar
Dalhalën
Como cada mañana la puerta secreta hacia su cuarto se abria bien temprano, cuando la luz, aun fria y palida, entraba por la ventana con barrotes por la que Dall miraba todas las noches sin pausa y soñaba que corria por las callejuelas, que iba cantando a un ritmo etereo una cancion de alegria y apaciguaba el sueño de los habitantes de Irimel. Acaricio el helado barrote de metal oscuro y rugoso con sus dedos finos y azulados. Pero no se hizo mas esperar.
Ella no acostumbraba a dormir apenas nada, no sabia que criatura era, pero tenia claro que sus inicios eran de criatura nocturna y que el descanso no estaba hecho para ella. Se dirigio a la puerta y recibio a su señor, el cual le aparto el pelo con gesto neutro y le coloco la banda metalica que le cegaba para evitar el daño solar. A ciegas anduvo hasta el centro de sus grandes aposentos y se coloco dentro de una jaula enorme, con cortinas azul verdoso a juego con su pelo. Espero a oir como su amo se sentaba en el sofa y casi sintio el cerrarse de sus parpados, dispuesto a escuchar la melodia de la mañana.
Empezo a tararear una melodia y con impresionante atino dio cuerda a una cajita de musica vieja que entono una melodia melancolica y relajada. Comenzo con un suave aria acompañando la musica y haciendo canon con ella, sus ojos cerrados, a pesar de ya tener la banda, sentada dentro de la jaula ahora cerrada, dejando extenderse su extravagante vestido rosa palido.
Ya era la hora de la letra, sus labios comenzaron a hilvanar una letra lastimera que concordaba a la perfección con la cancion, sobre una rosa de la pradera que se convirtió en rosa de decoración por un amor fugaz, deseaba estar con el y corto su union con la vida, para poder verle todo un dia, mas esa rosa fue perdiendo petalos y su hermosura se marchito, y acabo tirada en la calle, muriendo sola y mustia.
Al acabar Dalhalën abrio sus ojos para observar la oscuridad que envolvía su vista, entonces el golpe suave a la puerta la sobresalto y quiso refugiarse en su pelo y sus manos, tenia que irse de alli, no podian verla, pero no podria salir hasta que su señor no le abriese la puerta.
Dalhalën
Como cada mañana la puerta secreta hacia su cuarto se abria bien temprano, cuando la luz, aun fria y palida, entraba por la ventana con barrotes por la que Dall miraba todas las noches sin pausa y soñaba que corria por las callejuelas, que iba cantando a un ritmo etereo una cancion de alegria y apaciguaba el sueño de los habitantes de Irimel. Acaricio el helado barrote de metal oscuro y rugoso con sus dedos finos y azulados. Pero no se hizo mas esperar.
Ella no acostumbraba a dormir apenas nada, no sabia que criatura era, pero tenia claro que sus inicios eran de criatura nocturna y que el descanso no estaba hecho para ella. Se dirigio a la puerta y recibio a su señor, el cual le aparto el pelo con gesto neutro y le coloco la banda metalica que le cegaba para evitar el daño solar. A ciegas anduvo hasta el centro de sus grandes aposentos y se coloco dentro de una jaula enorme, con cortinas azul verdoso a juego con su pelo. Espero a oir como su amo se sentaba en el sofa y casi sintio el cerrarse de sus parpados, dispuesto a escuchar la melodia de la mañana.
Empezo a tararear una melodia y con impresionante atino dio cuerda a una cajita de musica vieja que entono una melodia melancolica y relajada. Comenzo con un suave aria acompañando la musica y haciendo canon con ella, sus ojos cerrados, a pesar de ya tener la banda, sentada dentro de la jaula ahora cerrada, dejando extenderse su extravagante vestido rosa palido.
Ya era la hora de la letra, sus labios comenzaron a hilvanar una letra lastimera que concordaba a la perfección con la cancion, sobre una rosa de la pradera que se convirtió en rosa de decoración por un amor fugaz, deseaba estar con el y corto su union con la vida, para poder verle todo un dia, mas esa rosa fue perdiendo petalos y su hermosura se marchito, y acabo tirada en la calle, muriendo sola y mustia.
Al acabar Dalhalën abrio sus ojos para observar la oscuridad que envolvía su vista, entonces el golpe suave a la puerta la sobresalto y quiso refugiarse en su pelo y sus manos, tenia que irse de alli, no podian verla, pero no podria salir hasta que su señor no le abriese la puerta.

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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis-Campamento rebelde destrozado
Kyle
Pego un golpe a un arbol, y rugio casi como una bestia, el ultimo se le habia escapado y se habia reunido con el grupo que presumiblemente se encontraba en lo alto de aquella colina. Penso en acercarse y plantarles cara, pero eran demasiados y ademas tenia que regresar con Mirie, la furia de la batalla le habia cegado y llego un momento en el que, persiguiendo a los rezagados, la perdio de vista. Rogo que estuviera bien y volvio a toda prisa al campamento.
El panorama era desolador incluso antes de llegar al asentamiento. Cuando arribo se puso como loco a buscar una cabellera castaña y verde por todos lados, y la encontro cerca de la persona que menos deseaba que estuviera con ella, Katsya. Piso fuerte con sus botas y fue frunciendo mas el ceño conforme se acercaba, la “ex” Zhero parecia estar mirando a una chica que se acurrucaba como queriendo desaparecer, Kyle no le dio mayor importancia y agarro calidamente a Mirie de los hombros, arrebatandosela a Katsya:
-¿Estas bien?-pregunto casi sin aliento
Kyle
Pego un golpe a un arbol, y rugio casi como una bestia, el ultimo se le habia escapado y se habia reunido con el grupo que presumiblemente se encontraba en lo alto de aquella colina. Penso en acercarse y plantarles cara, pero eran demasiados y ademas tenia que regresar con Mirie, la furia de la batalla le habia cegado y llego un momento en el que, persiguiendo a los rezagados, la perdio de vista. Rogo que estuviera bien y volvio a toda prisa al campamento.
El panorama era desolador incluso antes de llegar al asentamiento. Cuando arribo se puso como loco a buscar una cabellera castaña y verde por todos lados, y la encontro cerca de la persona que menos deseaba que estuviera con ella, Katsya. Piso fuerte con sus botas y fue frunciendo mas el ceño conforme se acercaba, la “ex” Zhero parecia estar mirando a una chica que se acurrucaba como queriendo desaparecer, Kyle no le dio mayor importancia y agarro calidamente a Mirie de los hombros, arrebatandosela a Katsya:
-¿Estas bien?-pregunto casi sin aliento

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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Castillo de Irimel-sala del trono
Hyell
La viera sonrio para si observando la escena desde una perspectiva casi aerea, ya que andaba subida en una de las ventanas mas altas de la sala, que por casualidad o mas bien vagueza, habian dejado abierta. Salto ágilmente y cayo al suelo de pie sin una sola vacilación, justo delante de Irial.
-¿Me llamaba?-pregunto con carácter altivo mientras esbozaba una media sonrisa hacia el elfo de la Luna.
Hyell
La viera sonrio para si observando la escena desde una perspectiva casi aerea, ya que andaba subida en una de las ventanas mas altas de la sala, que por casualidad o mas bien vagueza, habian dejado abierta. Salto ágilmente y cayo al suelo de pie sin una sola vacilación, justo delante de Irial.
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Re: El portal de Ishiar - Prólogo
Bosque de Farannis- Aldea destrozada de los rebeldes-
Alan y Alana
El mayor se fue, dejando a Alana sola, curando a heridos, estaba triste por lo que acababa de pasar y sabía que nadie la podría ayudar en ese momento. Ella salía de sus depresiones sola. Nada que él pudiera hacer la sacaría de sus pensamientos. La miró antes de irse y vio que aunque seguía haciendo el trabajo que ella mismo se había impuesto correctamente su mente estaba muy lejos de allí.
La elfa no dejaba de ver su casa en llamas, como había pasado con la aldea. Odiaba al impostor que se hacía llamar rey con todas sus fuerzas. Cómo podía atreverse a gobernar alguien que podía causar tanto dolor. Seguía curando y cuando intentaba concentrarse le asaltaban los recuerdos. No se fijó cuando Alan se fue ni cuando llegó el licántropo.
Cuando volvió a la realidad miró a Fenrrir fascinada.
Le gustaban todas las razas que pudiera haber en el mundo, aunque fueran híbridos o seres que la mayoría describiría como repulsivos, a ella le daba igual. Sentía curiosidad por todas aquellas especies que existían.
Se preguntó por qué no volvía a su forma humana y entonces se fijó de que no tenía ropa alrededor.
No sabía dónde podría estar la del lobo o otra que se le pudiese dar, ella y su hermano había llegado hace poco y Alana ya se sentía como si fuera un segundo hogar.
-Hola- le saludó, sonriendo.
Seguía estando trisite pero si algo había aprendido era que estando tristes no arreglarían nada, uno de sus lemas era: al mal tiempo buena cara.
Alan y Alana
El mayor se fue, dejando a Alana sola, curando a heridos, estaba triste por lo que acababa de pasar y sabía que nadie la podría ayudar en ese momento. Ella salía de sus depresiones sola. Nada que él pudiera hacer la sacaría de sus pensamientos. La miró antes de irse y vio que aunque seguía haciendo el trabajo que ella mismo se había impuesto correctamente su mente estaba muy lejos de allí.
La elfa no dejaba de ver su casa en llamas, como había pasado con la aldea. Odiaba al impostor que se hacía llamar rey con todas sus fuerzas. Cómo podía atreverse a gobernar alguien que podía causar tanto dolor. Seguía curando y cuando intentaba concentrarse le asaltaban los recuerdos. No se fijó cuando Alan se fue ni cuando llegó el licántropo.
Cuando volvió a la realidad miró a Fenrrir fascinada.
Le gustaban todas las razas que pudiera haber en el mundo, aunque fueran híbridos o seres que la mayoría describiría como repulsivos, a ella le daba igual. Sentía curiosidad por todas aquellas especies que existían.
Se preguntó por qué no volvía a su forma humana y entonces se fijó de que no tenía ropa alrededor.
No sabía dónde podría estar la del lobo o otra que se le pudiese dar, ella y su hermano había llegado hace poco y Alana ya se sentía como si fuera un segundo hogar.
-Hola- le saludó, sonriendo.
Seguía estando trisite pero si algo había aprendido era que estando tristes no arreglarían nada, uno de sus lemas era: al mal tiempo buena cara.
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El dolor es algo inherente a la madurez. Así aprendemos.
-Ángeles y Demonios-

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